A manera de biografía

Nací en Argentina y tuve la suerte de vivir mi infancia en un país que aún era rico. La educación primaria fue muy buena. A los siete años pude aprender inglés en la escuela donde asistía, una escuela religiosa dirigida por unas monjas americanas que hasta se animaban a tocar temas de educación sexual, cuando los alumnos llegaban a los once o doce años.
Como realicé estudios de contable en la escuela secundaria, era lógico que entrara en la universidad a cursar una carrera de Economía. Siempre intuí que no era lo mío, pero en aquel momento me resultaba impensable dedicarme a la filosofía, a la historia o a la literatura.
La licenciatura en Ciencias Económicas me permitió salir del país en el año 74, poco antes de un golpe militar que la historia denominó "el Proceso" o "la Guerra Sucia". Obtuve una beca para estudiar Desarrollo Económico en Nápoles y luego realicé prácticas de trabajo como economista en Polonia, en Suecia y en España.
Llegué a Barcelona a finales de 1977. Hallándome con problemas de trabajo como economista, me dediqué a dar clases de inglés y a hacer diversas traducciones para editoriales. Al fallar la economía, el conflicto me abrió las puertas de la lengua y la literatura. Me interesé por la didáctica de las segundas lenguas y, también, por la escritura.
Cuando en 1981 comencé en la Universidad de Barcelona los estudios de Filología Románica comprendí que exactamente esas materias eran las que había estado esperando durante toda la vida. Me sentí en el lugar exacto, en el momento exacto. Había leído ya mucha literatura y la carrera resultaba un placer.
Casi toda la gente que ha dejado su país, se ve obligada a escribir cartas a familiares y amigos que quedaron en la tierra que dejó atrás. Mis cartas eran numerosas, contaban con muchas páginas y tenían una voluntad de ser literarias. A tal punto que, antes de enviarlas, conservaba una fotocopia de cada una de ellas. También llenaba libretas a manera de diarios personales. Los diarios registraban viajes, paseos, situaciones, personajes, estados de ánimo. Estoy seguro de que las semillas literarias se hallan en esos diarios y en las cartas enviadas.
En un momento una página escrita configura un cuento y entonces se siente el cosquilleo ante eso que tiene forma y fondo y que es creativo y que es propio. La participación en un taller de escritura encendió el interés por el oficio de escribir. Organicé talleres, impartí cursos didácticos de escritura creativa para profesores y participé en grupos de escritura formados por amigos que comenzaban a escribir sus primeros cuentos. De esta época, entre 1989 y 1990, surge mi primera novela erótica: 10 + 1 nits. Todo el grupo que se reunía en el taller tenía una fuerte atracción por el erotismo. Tal vez era la atmósfera de la época lo que despertaba la fascinación por este género.
Si Argentina me ofreció la formación en la cultura contemporánea: la filosofía existencial, la música electrónica o la danza moderna, la vida en ciudades europeas como Varsovia, Nápoles o Barcelona me dieron la posibilidad de conocer la Historia. En Latinoamérica todo es reciente, a dos siglos de distancia, Argentina pierde su huella histórica, en cambio Florencia me ponía ante los ojos el Renacimiento, Roma levantaba sus edificios barrocos y Barcelona mostraba las piedras desgastadas de sus iglesias góticas.
Está proximidad con el pasado, encendió mi interés por la novela histórica. De aquí nació la elaboración de ficciones en épocas diversas al presente. Una novela reconstruía la cultura íbera y las invasiones de Roma en las costas catalanas; otra recreaba los fastos de la Nápoles del 1700 y una tercera se metía en la hipotética casa de Rudyard Kipling en el Londres del 1800.
Una preocupación esencial desde los primeros textos fue la estructura que sustenta el entramado ficcional. Algunos meses antes de ponerme a escribir, evalúo la forma que tendrá la obra. Y casi siempre me decanto por formas paralelísticas, por dos entidades diversas que se ponen en contacto, otras veces la preocupación por la forma se materializará en voces narrativas mezcladas o en artificios de la trama.
Así en 10 + 1 nits se entrelaza la vida real de un escritor y una joven con las historias de la mitología griega que ella nos relata. Baile de Máscaras se estructura como un viaje iniciático, un espacio físico que se transformará en espacio espiritual, en forma de conocimiento. En Els Deus de la Vall la ficción se organiza a través de un objeto que pasa de mano en mano, una diosa íbera de barro cocido que irá cambiando de significación en la medida en que cambia de dueño. En De Vidas Encastradas he querido ver los espejos que se crean entre dos existencias paralelas en dos siglos diferentes, una en el 1700, la otra en el 1900. Las dos vidas tienen el privilegio y el gravamen de vivir en la ciudad de Nápoles. En La Rara Perfecció del Triangle he despertado las voces de tres protagonistas que viven cuatro estaciones de su vida, pero en los intermedios entre las estaciones aparece el Narrador negociando con esos personajes el punto de vista que debe o no escoger.
También he escrito algunas obras de teatro, una novela juvenil y en los últimos tiempos he vuelto al cuento. He regresado a él con veinte años de escritura a cuestas. El relato ahora es más breve, intenta ser más contundente y desearía que tuviera la savia destilada en los alambiques de la experiencia.
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